martes, 4 de noviembre de 2014

LA ALEXITIMIA: ENTRE LA ANGUSTIA Y EL GOCE



RESUMEN
En la clínica de las enfermedades psicosomáticas se plantea la interrogante sobre la participación del psiquismo como etiología. Sin embargo, quienes proceden técnicamente a partir de las observaciones clínicas puras, sin considerar una ruptura epistémica que permita la conceptuación de sus acciones , escamotean la participación de la subjetividad planteada por el psicoanálisis, que con su corpus teórico puede contribuir a una racionalidad propiamente humana de fenómenos inexplicados por la medicina. Este trabajo contribuye articulando las categorías psicoanalíticas de angustia y goce a la categoría médica denominada alexitimia.
Indicadores: Alexitimia; Angustia; Goce; Afánisis; Holofrase.
Las ideas médicas se concretan en palabras que están almacenadas en el lenguaje, quedando siempre al alcance de un cotejo crítico. Así, el estudio agudo de las expresiones que médicos y legos utilizan en relación al enfermar permite despejar la abigarrada selva ideológica que los mismos encierran y llegar hasta el tronco dogmático y de creencias en el que la praxis de curar tiene echadas sus raíces. Con base en lo anterior, es factible instalar categorías psicoanalíticas a las que se ciñen los procesos de la enfermedad, y alcanzar aquellos elementos que justifiquen, legitimen y fundamenten la direccionalidad de los hallazgos y resultados de las investigaciones fenomenológicas y las prioridades teóricas en la transmisión de los saberes, así como el vínculo correspondiente con la clínica. Alcanzados los fundamentos que incumben a estas tres áreas investigación, docencia y asistencia, se estará en condiciones de iniciar otra construcción. Aquí se proponen los lineamientos básicos de otra práctica posible. La alexitimia designa la incapacidad de hacer corresponder las palabras con las emociones, así como también otras características sintomáticas que se asocian a ella, definidas por la clínica médica. Es ésta una entidad nosográfica que describe rasgos de personalidad a partir del tratamiento de enfermedades psicosomáticas, así como de adicciones y depresión, sin dejar fuera los trastornos de las conductas alimentarias e, incluso, a una población más amplia, lo que le da una dimensión trascendente para el ámbito psi en su perspectiva preventiva. Las manifestaciones alexitímicas nucleares son cuatro, según explica Pedinielli (1992) en una de las primeras obras aparecidas en francés sobre la cuestión:
1) la incapacidad para expresar verbalmente las emociones o los sentimientos
2) la limitación de la vida imaginaria
3) la tendencia a recurrir a la acción para evitar y solucionar los Conflictos
4) la descripción detallada de los hechos, de los síntomas físicos, actividad del pensamiento orientada hacia preocupaciones concretas.  En la conclusión de su obra, Pedinielli muestra a la alexitimia como un cierre al sentido:
La alexitimia —afirma— es una forma particular de cierre al sentido de los acontecimientos internos (emocionales) como externos, cierre cuyo mecanismo y efectos son completamente diferentes de los de la neurosis y la psicosis [...] Esta privación de sentido está vinculada al estilo particular de comunicación que hace de la alexitimia uno de los paradigmas del análisis de la elaboración psíquica de lo somático junto con la histeria, la hi-pocondría y el lenguaje de órgano (p. 122) (las cursivas son nuestras).
Como puede observarse, la alexitimia tiene como factor central un problema de la función simbólica, es decir, la incapacidad para expresar la dimensión inconsciente en palabras, ensueños y fantasías. Por estas características, es solamente a través de la somatización que el sujeto (d)enuncia y puede dejar aparecer su estado emocional. Se reconoce así, clínicamente, la existencia de un vínculo entre la dificultad para hablar de las emociones propias, la pobreza del imaginario, el acto como sustituto de la palabra y la enfermedad en general. Por ello, es necesario no solamente revisar las tesis tradicionales sobre las enfermedades psicosomáticas ante tales observaciones, sino establecer una hipótesis más general, en virtud de que la medicina, finalmente, acaba por conceder a la dimensión simbólica tanta importancia como a la dimensión biológica. En lugar de colocarse técnicamente sobre el reconocimiento de las sensaciones para “ayudar” a la gente a “familiarizarse” con sus propias emociones, convendría quizá “ayudarles” a descubrir el alimento simbólico del que tienen necesidad. En este trabajo se considera la condición psicoanalítica de la alexitimia desde las categorías de angustia y goce. Para cumplir tales fines, se divide en dos partes. La primera se ocupa de la descripción que el discurso médico ha generado sobre la alexitimia, y en la segunda se desarrolla una articulación de los conceptos psicoanalíticos mencionados que permita leer la alexitimia desde otro lugar. Lo que se intenta demostrar, en síntesis, es la necesidad inaplazable de que la clínica integre aportes que proceden de hemisferios teóricos que habitualmente no se comunican entre sí. El profesor Sifneos, médico bostoniano de la Universidad de Harvard, creyó necesario crear ese neologismo en 1972; no dudaba en presentar al alexitímico como la personalidad de nuestro tiempo, indicando que el conjunto de las características que definen la alexitimia corresponde “al perfil social corriente de los individuos”.
Sifneos (1973), pues, imprime el término para englobar la constelación de factores cognitivo-afectivos propios del estilo comunicativo de los pacientes psicosomáticos en la consulta. Aunque este autor no crea un concepto nuevo, pues tales características habían sido señaladas anteriormente, es él quien organiza en una entidad conceptual las observaciones clínicas y fenomenológicas descritas en los pacientes psicosomáticos: Los pacientes que sufren trastornos psicosomáticos, a quienes tuve la oportunidad de entrevistar durante muchos años en la clínica psiquiátrica del Hospital General de Massachussets, muestran una marcada dificultad para comunicarse con su entrevistador, transmiten la impr esión general de ser apagados y utilizan las acciones para evitar conflictos o situaciones de frustración. Además de una relativa constricción en el funcionamiento emocional, su más notable característica es la incapacidad para encontrar las palabras apropiadas para describir los sentimientos. Por buscar un término mejor, propuse la palabra alexitimia (del griego a = sin, lexis = palabras, thymos = sentimiento o emoción) para describir esta dificultad específica que probablemente se deba a la combinación de defectos neurofisiológicos y psicológicos más que sólo a los puramente psicológicos. Así, alexitimia es un constructo desarrollado a partir de la observación clínica de personas que muestran torpeza para identificar en sí mismas el componente afectivo de las emociones y, por tanto, incapacidad de expresarlas verbalmente. En un principio las personas a quienes se identificó como alexitímicas fueron pacientes que sufrían trastornos psicosomáticos. En el transcurso de los años se le ha relacionado con dependencia a sustancias, trastornos de la conducta alimentaria, personalidad antisocial y trastornos por estrés postraumático. Debe subrayarse que la alexitimia no aparece en las clasificaciones psiquiátricas y no es una noción universalmente aceptada, pero tiene un valor heurístico que ha dado lugar a numerosas investiga ciones. Ya McLean (1949) había propuesto un modelo neuroanatómico explicativo que señala que existe una desconexión interhemisférica en estos pacientes que impide la conexión entre el sistema límbico y el neocórtex, con lo cual, de todas maneras, el resultado fundamental es que las emociones no son bien traducidas simbólicamente a palabras. Sin embargo, las bases del concepto fueron instauradas por autores afiliados al psicoanálisis, quienes observaron que los pacientes con enfermedades psicosomáticas tenían una gran dificultad para expresar los conflictos verbalmente. Así, Alexander (1950), Dunbar (1935/ 1954) o Ruesch (1948), por citar sólo algunos nombres, señalaron las principales características anímicas de estos pacientes: coartación de la fantasía, dificultad para la expresión de las emociones, tendencia a canalizar las tensiones a través de la vía corporal o simplemente dificultad en el abordaje psicoanalítico de su problema. Marty y M’uzan (1963) observaron en sus pacientes psicosomáticos los mismos aspectos de “personalidad” que habían señalado sus colegas norteamericanos, e introducen el término “pensamiento operatorio” para designar un tipo de funcionamiento psíquico común en los pacientes psicosomáticos. Comienzan señalando dos de sus características esenciales: se trata de un pensamiento que no parece poseer un lazo orgánico con la actividad fantasmática, y duplica y ejemplifica la acción ?ya sea que la preceda o la siga? en un campo temporal siempre limitado. Nemiah y Sifneos (1970) analizaron empíricamente las conceptualizaciones teóricas formuladas por los autores anteriores. Emplearon como técnica el análisis de veintiún entrevistas realizadas a enfermos psicosomáticos, en las que estudiaron los contenidos asociativos y los sueños. Constatan que el uso de símbolos en estos pacientes es limitado  que están ausentes los pensamientos relacionados con sentimientos, deseos o impulsos. Por ejemplo, citan a un paciente que sufre una forma de lupus, quien afirma: “¿Cómo puedo yo saber si deseo o no a esa chica? Lo único que sé es que tengo erecciones cuando estoy con ella”. Cuando se le pide que asocie esos elementos,

es incapaz de hacerlo; se le insiste, pero entonces complace al terapeuta proporcionando más detalles factuales, desligados sin embargo de experiencias internas en la dimensión metafórica y/o metonímica. Así, las características clínicas del concepto alexitimia se van formulando desde el momento en que empiezan a converger los primeros datos empíricos y observacionales. Numerosos investigadores de diferentes orientaciones, épocas y lugares, con cierta unanimidad de criterios, han subrayado repetidamente esas características constituyentes del síndrome. En esta coincidencia, los conceptos pensamiento operatorio y alexitimia pueden considerarse equivalentes. Vale la pena, no obstante, enfatizar que Marty y M’uzan (1963) destacan más el aspecto fantasmático y Nemiah y Sifneos (1970) la vertiente emocional, pero unos y otros enuncian los mismos componentes del síndrome. Pese a ello, la unanimidad de criterios termina aquí. Cuando se habla de la etiología, hay diversas propuestas difíciles de compatibilizar. Siguiendo con la comparación anterior, la diferencia fundamental entre alexitimia y pensamiento operatorio es que, describiendo lo mismo, son dos conceptos pensados desde marcos teóricos diferentes que plantean distintas etiopatogenias. Mientras que el pensamiento operatorio se liga a un trastorno profundo de la personalidad (una estructura de personalidad psicosomática), la alexitimia suele presentarse con un valor descriptivo, teniendo su valor etiológico un menor compromiso con una determinada escuela. Aun así, es un concepto bien aceptado desde muchos ángulos en la psicología y la psiquiatría, y tiene además la ventaja de servir de puente intertextual entre teorías, con lo cual abre la posibilidad de un debate epistemológico. De esta manera, en los diferentes intentos de explicación se han propuesto desde factores neuroanatómicos hasta psicodinámicos, pasando por los socioculturales, para poder arribar al origen de la alexitimia. Las discusiones en torno a las cuestiones de rasgo o estado, estructura o defensa, precondición para la formación de un estado psicopatológico o síndrome psicopatológico por sí mismo, innato o adquirido, específico de un tipo de pacientes o potencialmente desarrollable en cualquiera, etcétera, requieren aún de mucho trabajo de investigación teórico-clínica. Introduzcámonos en tan sólo dos categorías planteadas por el psicoanálisis: la angustia y el goce.

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